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El término fértil proviene de la raíz latina “fer-“, que a su vez se relaciona con el verbo “fero”, que significa llevar o portar. Así, la palabra “fértil”, en español, pasa a vincularse con la potencia de la producción, de la capacidad para procrear o generar. Este adjetivo es aplicado en diversas áreas; por ejemplo, en el ámbito de la agricultura y ecología, se habla de una tierra fértil cuando sus condiciones naturales le permiten germinar y desarrollar semillas, mismas que producirán cultivos que podrán ser aprovechados por especies animales, o por el mismo ser humano para su consumo o su comercialización.

Una región de tierra considerada como fértil, cuenta con los minerales, la humedad, el abono y la temperatura necesarios para una producción variada y cuantiosa. En contraposición, un terreno considerado como infértil no cumple con las características antes mencionadas, por lo que, para dar frutos, debería de ser abonado e irrigado, alcanzando de manera artificial los elementos necesarios para la producción. Así mismo, uno de los métodos más conocidos para evitar la infertilidad del suelo es el denominado como “rotación de cultivo”, que permite el enriquecimiento de la tierra (principalmente, a través de minerales).

Las primeras civilizaciones que pasaron del nomadismo a la vida sedentaria, siempre se desarrollaron y asentaron en tierras fértiles (por ejemplo, las cercanas a los márgenes de los ríos). Ejemplo de esto lo encontramos en civilizaciones como la Egipcia y la Mesopotámica.

El término fértil también se emplea en biología y anatomía como un adjetivo que describe la capacidad de un varón o de una hembra de poder procrear; es decir, que cuenta con todos los elementos (biológicos) necesarios para generar crías de su misma especie.

En el caso de que uno de los dos procreadores (el macho o la hembra) sea infértil, la procreación no será posible. Existen particulares casos biológicos de reproducción en donde la cruza de dos especies da como resultado un animal infértil; es el caso de la mula, que se obtiene al cruzar un burro (macho) con una yegua (hembra). En este caso, aun cuando dos mulas se aparearan, el resultado no sería fértil.

En cuanto a los seres humanos, también se cuenta con problemas de infertilidad. Un hombre y una mujer son fértiles a partir de la adolescencia, cuando sufren una serie de cambios psicológicos, fisiológicos y funcionales que los vuelven aptos para la cópula y la procreación de su especie. Hoy en día, la infertilidad en seres humanos cuenta con diversas posibilidades de cura, debido, principalmente, al desarrollo de la medicina. Dos de los ejemplos más conocidos y de mayor auge en la actualidad son la gestación de fetos “in vitro” y la estimulación de los ovarios.

Fértil, como hemos visto, es un concepto que está estrechamente relacionado con la procreación y producción; no importa si estamos hablando de especies animales o de flora. Fértil es, además, el adjetivo proveniente del sutantivo fertilidad. Ambos se vinculan con la copulación, germinación, gestación y proliferación de frutos o vástagos.

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