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El asma, también conocida como asma bronquial, es una enfermedad crónica de los pulmones que afecta las vías respiratorias al causarles inflamación y estrechamiento, lo que dificulta la respiración.

Las vías respiratorias son las encargadas de trasladar el aire dentro y fuero de los pulmones, y cuando una persona padece asma, estos conductos sufren episodios en que se hinchan y se vuelven muy sensibles, reaccionando con fuerza al inhalar cosas que irritan estos conductos del paciente, o a las que es alérgico. Por ende, los pulmones del paciente de asma reciben menos aire y pueden producir tos, dificultades para respirar o respiración con silbido, y presión en el tórax.

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Consecuencias del asma

El paciente con asma padece ataques o crisis de asma, y en los casos muy severos, las vías respiratorias pueden cerrarse tanto que los órganos vitales no reciben suficiente oxígeno, lo que podría llevarlo a la muerte.

Aunque el asma suele iniciar durante la niñez, el mal afecta a personas de todas las edades, y es más común en personas menores de 40 años. También es más común el asma en personas con antecedentes familiares.

De acuerdo a la OMS cerca de 300 millones de personas padecen asma en la actualidad, y se espera que las muertes por este mal aumenten en los próximos 10 años, un 20 por ciento de las 255 mil registradas en el 2005. Aunque no existe cura para el asma, el paciente puede tener calidad de vida y control de su enfermedad si es diagnosticado correctamente y recibe el tratamiento necesario. De lo contrario, la persona con asma no podrá realizar ejercicio ni podrá estar muy activa, además de que podría llevarla al hospital de emergencia frecuentemente.

Hay tres mecanismos fisiopatológicos que están involucrados con el asma:

  • Obstrucción de las vías respiratorias: las bandas musculares que rodean las vías respiratorias suelen estar relajadas y moverse libremente. Sin embargo, en las personas con asma, la alergia a sustancias y los desencadenantes ambientales, hacen que estas bandas se tensen y el aire no puede circular libremente. Como tiene menos aire, el paciente siente que le falta el aire, y éste, al atravesar las vías respiratorias rígidas, provoca un sonido llamado sibilancia.

  • Inflamación: los conductos se tornan rojizos y se inundan, lo que daña a largo plazo los pulmones.

  • Irritabilidad: la sensibilidad de las vías respiratorias en personas con asma es mucho mayor, ya que tienden a sobrerreaccionar y estrecharse aún con los estímulos más leves, como el polen, el polvo, el pelo de las mascotas o el humo.

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