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El término satélite, derivado del vocablo latino satelles, con el que se denominaba a la escolta de un emperador o gobernante (misma que lo seguí ahí donde fuera); puede hacer referencia, a su vez, a un satélite natural y a un satélite artificial. A continuación te hablamos más sobre ambos conceptos:

Satélite natural:

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Es un cuerpo celeste que mantiene una órbita alrededor de un planeta u otro cuerpo celeste. Por lo general, un satélite natural es de dimensiones más reducidas que las del planeta que orbita (de lo contrario, la fuerza de gravedad no sería suficiente para que el satélite fuera atraído hacia el planeta o cuerpo celeste en cuestión); así mismo suele acompañarlo en su movimiento de traslación (por ejemplo, la luna acompaña a la Tierra cada año alrededor del sol). Estos satélites son productos naturales que pueden encontrarse por todo en el universo, y son formados por múltiples causas, como choques entre planetas, impactos de asteroides, etc.

En el sistema solar, existen seis planetas que cuentan con uno o más satélites, que son: Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Una característica a resaltar es que la mayoría de los satélites del sistema solar han sido nombrados como personajes de la mitología (griega o romana); exceptuando los satélites de Urano, los cuales cuentan con nombres de personajes de diversas obras de Shakespeare.

Satélite artificial:

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En contraposición al satélite natural, contamos con el satélite artificial, el cual es construido por el ser humano. Es considerado como un vehículo de lanzamiento que se logra mantener en órbita alrededor de algún determinado objeto en el espacio, que pueden satélites naturales, planetas o asteroides.

Los satélites artificiales suelen quedar orbitando en el espacio (basura espacial) o se desintegran al ingresar a la atmósfera de algún planeta.

La historia de los satélites artificiales nació con la competencia establecida durante la Guerra Fría por las dos potencias del orbe: Estados Unidos y la URSS. De estos dos gigantes, aquel que logró enviar primero un satélite artificial al espacio fue la URSS, el 4 de octubre de 1957 en el denominado proyecto Sputnik.

Los satélites artificiales pueden clasificarse según la altura a la que se encuentran orbitando de la superficie terrestre; en este caso, las órbitas corresponden a bajas, medias y órbitas geoestacionarias. También pueden clasificarse según el tipo de misión que llevan a cabo; por ejemplo:

-Satélites de reconocimiento:

Son satélites de comunicación, espionaje o reconocimiento.

-Satélites astronómicos:

Se emplean para la observación y estudios de cuerpos celestes y fenómenos acontecidos en el universo.

-Biosatélites:

Son aquellos que portan organismos vivos, principalmente para su estudio científico.

-Estaciones espaciales: Estos satélites son construidos con el fin de que seres humanos puedan habitarlos, con el fin de vivir y realizar diversas actividades en el espacio exterior. Una estación espacial no cuenta con la capacidad de regresar a la Tierra, sino que se mantiene estacionada en órbita por el planeta; utilizándose otro tipo de naves para llegar a ella.

Así mismo, existen otros tipos de satélites diseñados y puestos en órbita según diversos objetivos.

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